Deseo desde el corazón

Deseo desde el corazón... Que nunca les falte un sueño por el que luchar, un proyecto que realizar, algo que aprender, un lugar donde ir y alguien a quien querer.
Y recuerden: lo imposible solo tarda un poco más...

martes, 22 de junio de 2010

Recuerdos en acciòn - Jardines de guerra


"Peinaba sus largos cabellos y los anudaba a un moño perfecto sin mirarse nunca en el espejo. Yo la miraba extasiada. Nunca pude imitarla.
Serà que con un espejo siempre me sentì menos sola." (Angelique)










"Todo el mundo que uno constuye se puede desvanecer en un segundo".
(Angelique)













"Tu abuelo era un enamorado de Parìs. Nunca habìa viajado demasiado pero decìa que su Parìs era la ciudad màs bella de todo el continente." (Prudence)








"No hay embriaguez en la vida como la de realizar un sueño".
(Prudence)

sábado, 19 de junio de 2010

Se ve que todas nos llevàbamos bien


Los recuerdos de mi infancia escolar estàn como entre cortados y velados.
Hay situaciones muy puntuales que recuerdo con toda claridad y hay otras que por màs que intente, no logro acercar a mi memoria.
Pero lo que la mente no retiene, lo hace sin esfuerzo el corazòn.

Adaptàndome de a poco a estas nuevas formas de comunicaciòn virtuales (y sin saber dònde està el acento normal en las netbooks) paseo por el Facebook como lo hacìa por Corrientes donde seguramente acertaba con una cara conocida.
Las caras lejanas pero no olvidadas del face se sucedieron en torrentes vertiginosos.
Pero hubo un clan, una especie, una realidad, una secciòn de mi vida pasada que me atrajo enormemente reconocer y luego recordar.

LA PRIMARIA
Uno crece.
Uno tropieza.
Uno acierta y se equivoca.

En mi escuela de monjas no aprendì mucho sobre historia argentina.
Tampoco sobre relaciones intersexos.
Tampoco sobre la libertad de elecciòn para ser feliz (habìa mandatos a cumplir para eso).

Pero habìa algo en lo que se educaba en silecio: compañerismo, camaraderìa, solidaridad, amor al otro.

Tan silencioso el trabajo que no fui consciente hasta que, despuès de casi treinta años sin vernos
TREINTA AÑOS SIN VERNOS
entendì la lecciòn.

Nos encontramos.
Nos reencontramos.
Como si nos hubièsemos ido a un largo viaje y volvièsemos al punto de partida.
Y en ese punto iniciàtico nos esperàbamos.
Unas a otras.
Sin saber si èramos A o B.
Sin importar si èramos A o B.

Y la charla fluyò mansamente con tiempos y esperas para cada una.
Y en el relato de cada una se recuperaba algo de aquello compartido.
Recuerdos comunes y de los otros.
Corazones adentrados en la màgica entrega de contar vida y desamor como si treinta años no fuesen nada.

Mujeres ahora.
Niñas ayer.
Y la constante de primeros pasos dados al unìsono que nos trajeron a un mismo y lejano destino: nuestro encuentro hoy.

En este redescubrimiento de vìnculos verdaderos,
en esta instancia de relaciones sin màscaras,
en esta etapa de volver a las fuentes...

agradezco con el alma a cada una por el inmensamente grato momento compartido.
Por la felicidad de todas
por los desamores comunes
por las ilusiones presentes
y los futuros encuentros.

S.,
G.,
T.,
A.
sepan que me hicieron un poquito màs feliz esta tarde sintièndome parte de un universo querido.

Gracias, Mazzarellas!


lunes, 17 de mayo de 2010

Sabor amargo

Teatro y ciudad.
Los dos polos que traté de unir, los dos amores.

Decepción.
Angustia.
Desasosiego.
Bronca color dolor.

De once funciones de mis Jardines, tuvimos que suspender tres.
Por falta de gente, obvio.
Y duele porque siento la soledad por sobre todas las emociones.
Porque no siento que acompañen a mi proyecto desde el mismísimo núcleo interesado que me tendría que acompañar.
Empiezo a entender algunas cosas, me empiezan a cerrar círculos, a caer fichas.
Si no fuera por S. y G. mi obra estaría absolutamente sola.
La gente que viene dice que les gusta mucho.
De las críticas que salen en los diarios dicen que son las mejores de todas las obras que se han hecho.
Pero la tristísima realidad es que ni siquiera la misma gente del propio teatro viene a las funciones.
No siento apoyo.
No siento ganas de que funcione.
No veo interés.
No veo acompañamiento.

Comentarios a sotto voce.
No invitaciones.
Apuro para bajar.
Felicitaciones por el concurso de dramaturgia porque "es más importante".

La ciudad me celebra en las páginas de sus periódicos pero me da la espalda en las funciones.
Podría consolarme o auto convencerme diciendo que a los grandes genios nunca los comprendieron.
Lástima que no me sienta genio.

Siento dolor.
Y ganas de no hacer más.
O probar otras instancias: ensayar sólo para giras, para otros pueblos, para conseguir los laureles afuera para que luego los celebren dentro (pareciera que sólo así funciona).

"Noches extrañas las que no tiene luna", dice mi Manuel Belgrano en algún momento de sus parlamentos.
Se las tomo prestadas.

Mañana está anunciado lluvia.
Mi decepción se incrementa.
Mis expectativas se pierden en el cielo nublado.
Mi dolor en el alma crece.
Mi desconcierto reina.

Y yo??

Semana abismal

Abismo.
Así se siente.
O como una soledad que no sé cómo manejar.
Con qué llenar.

Terminé de escribir la obra del bicentenario.
Fin del romance con Belgrano.

Dentro de seis días se terminan las funciones de mis jardines.
Vendrá gira, claro… pero con tiempo.

Sin escribir.
Sin funciones.
Me siento vacía.
Abismada.
Con el susto que me produce la inactividad.

No puedo pensar en no producir nada más, estamos en mayo.
La pregunta también es ¿Qué?
A sabiendas por la experiencia pasada que no funciona el drama, pero que para comedia no cuento con actores.
Que debería hacer una obra de autor muy conocido (MUY CONOCIDO) pero de pocos personajes.
Que algunos de mis alumnos podrían estar listos para actuar, pero habría que saber realmente de cuánto tiempo disponen para hacerlo.
Que quiero actuar, porque me siento en un momento que me gusto, pero si actúo quién me dirige.

Otra vez, abismo.
Por todo eso, abismo.
Me gusta escribir, me redescubro.
Pero no conviene otra ahora.
Teatro de autor.
Teatro arte.
Teatro pequeño.
Teatro no drama.
¿qué doy con todo eso?

¿Cómo se duerme esta noche?

Lo miraba y me moría de ganas que me diera un beso.
Se lo dije.
Pero después, cuando ya no estaba conmigo.
Luchando contra lo incorrecto, lo impropio, lo inadecuado.
Pero es que de un tiempo a esta parte el pasado se me volvió tan presente que me aprisiona de tan fuerte que me abraza y parece que todo se me confunde.
O se aclara.
Yo sabía que iba a venir.
Desde el jueves que lo siento en el alma.
Lo dibujaba con mi imaginación.
Lo veía sentado, mirándome.
Dice S. que cuando me aplaudía me miraba lindo y sonreía.
No lo miré.
Cuando me saco el personaje estar arriba me da vergüenza.
Tema no superado parece, este del aplauso.
Me moría por mirarlo mirándome… y no me animé.
Como no me animé a pedirle que me bese.

Lucha interior.
Cuando más quiero respetarlo,
cuando más quiero respetar sus decisiones,
su elección de vida
es cuando más que antes, mucho más que antes el cuerpo se rebela en otras sensaciones.
Lo sueño.
Lo pienso a diario.
Lo deseo.

Y me vuelvo cursi:"Todo me recuerda a ti"
Mi propia historia de amor belgraniana,
Películas que veo,
Lecturas que desempolvo,
Música que escucho…

Momento de concentración en escenario, antes de la función
Y mi corazón un remolino: sonando la música de F. y E. esperando para entrar a verme.
Pasados.
Ilusiones.
Sueños no concretados.
Amor desamorado.

E. y el saberlo amor de mi vida.
Me obligo a decir hasta hoy.
Me obligo a pensar que no es el último.
Que mi sueño de casa en el campo puede aún ser compartido.

Tal vez esta lejanía me acercó a lo verdadero.
Tal vez deba entender que E. fue AMOR.
Que fue.
AMOR.

Caminando por el arte

Si me siento a escribir de un tiempo a esta parte, es sólo para escribir de Belgrano.
Entregué mis primeros esbozos de situación con bastante de texto.
Me vino a vuelta de correo una devolución tan exhaustiva que creí que no podría retomar la idea y reescribir con esos parámetros nuevos.
Pero lo hice y salió algo que finalmente, me gustó más que aquellas primeras pinceladas.
Me voy como re enamorando con cada encuentro con el teclado.
Voy hurgando en los pensamientos de los protagonistas y me divido en la piel de uno y otro alternativamente.
Me gusta el juego.
Puedo imaginarlos de mil maneras, con historias previas de las más variadas. Claro, como dijeron en aquella reunión, sin darnos de patadas con la historia.
No hablé del tema con E., por supuesto.
Y no sé ahora si quisiera hacerlo.
La soledad, el silencio del campo, las noches frías que ya aparecieron, su recuerdo en mi casa (porque no lo dije, pero estuvo en casa)… otra vez y por momentos, siento que me confundo, que me mareo en el recuerdo y lo quiero traer al presente, que me dan ganas de apersonarlo a mi vida afectiva y hasta que se quede.
Ahora cuando claramente es todavía más imposible que antes. Por sus decisiones y por las mías.
Celebro profundamente su cambio de vida que lo aleja aún más de mi campo lejano y me alegra que esté siendo feliz.
A sabiendas que su felicidad es incompatible con la mía y deseando a veces que se acerca a mi corazón.
(¿Eso es amor?)
Ya Belgrano no se parece a E.
(Me quedo pensando en silencio varios minutos lo que acabo de escribir).
Creo empezar a entender algunas cosas.
Belgrano no elige una cosa por sobre otra.
Belgrano resigna la que más desea en pos de el beneficio de lo que desea. Para que sea feliz sin ser él quien otorgue esa felicidad.
No deja decidir, eso es claro.
Pero decide pensando el lo mejor para el otro.
Ceder con amor.
Ceder por amor.
Esa es la decisión que le quiero hacer tomar.
Lo engrandece.
Vuelve a ser héroe del corazón.
Si supiera que E. eligió de la misma manera, sería también mi héroe personal.
Ahora es sólo mi fantasía.
Punto y aparte.

Seguimos con las funciones de Jardines.
Es rara la ciudad.
Salen notas en los diarios, críticas muy buenas, la gente que va sale encantada… pero no logramos que vaya mucha gente.
Según calendario, nos quedan tres fines de semana.
Me da vértigo.
Demasiado poco.
Pero tampoco responden como para que la extendamos.
Tal vez en otros pueblos.
Tal vez los festivales a los que nos vamos a presentar.
Estoy feliz con mi reencuentro con la actuación. Me siento cómoda, relajada, segura, tranquila… pero me subleva que no vaya gente.
Dimos una función para tres personas.
Fue la mejor.
Pero es tan poco!!
Sé que la obra da para más.
Aumentamos la publicidad. Me corrijo: hicimos algo de publicidad.
Veremos este fin de semana.
Como dice aquel viejo cuento: "Esto también pasará".
Tal vez desde mañana se de vuelta la taba.
Sería un maravilloso golpe al ego.

De E. (o Belgrano)

¿La inspiración surge de la necesidad?
O por lo menos se retroalimenta de ella.

Difícil situación si se trata de escribir "porque hay que hacerlo".
Porque otro SI entró a mi mundo de dudas de la entrada anterior (Esa que iba a llamarse "¿por qué a mí no?)
El sí que faltaba y que me hace trascender incluso en los diarios locales.
Gané un concurso de dramaturgia.
De nuevo.
Gané un concurso de dramaturgia.
Suena increíble aún hasta para mí misma.
No, me corrijo. No para mí.
No sé por qué, pero en un rincón oscuro y telarañado (otra vez, esta costumbre de la invención) de mi corazón, estaba segura que iba a ser seleccionada.
No sé si por las condiciones de la participación o porque el texto de Jardines me gusta mucho (con ese participé) pero sea por lo que fuere, el día que debían confirmar los seleccionados (14 en toda la provincia) y viendo que mi teléfono no sonaba, me deprimí (a mi elegante manera de deprimirme) porque sabía que debían llamarme.
La explicación fue congruente a mi pensamiento cuando dieron los nombres seleccionados una semana más tarde y ahí sí, mi teléfono sonó para confirmarme mi corazonada acertada.

Y ahora me encuentro en la situación de estar "estudiando" material para poder después, generar un texto teatral.
Me gusta la situación, la disfruto pero también me da vértigo la posibilidad de que no surjan las palabras, que la idea que imagino gestar no venga a mí, que este "tener que" sea más complicado que placentero.

Pero también creo que las palabras surgen de la profunda conexión con lo que quiero contar, o por lo menos así sucedió las veces anteriores.
Y si algo estoy teniendo es conexión con el material que elegí.
Pensar en escribir un texto "histórico" suena tan atractivo como desconcertante.
Humanizar lo inhumanizable, por lo menos, por la forma en que nos acercamos a estos temas en nuestra temprana edad escolar.
Y ante el riesgo, elegí un tema que me convoca… (¿por distante?)
No. Distante no.
Conocido y arraigado en la piel y en el corazón.
Heridas que no cierran (ahora parecería que fuera beneficioso que todavía no hayan cicatrizado. Tal vez sirvan de inspiración).
Historia de amor, decía.
Correspondida, sí pero no con final feliz.
Nuestros próceres también sufrieron de estos males y es extraño descubrirlo.
Protagonista: Manuel Belgrano.
Un Belgrano tan humano como desconocido.
Con una historia de amor profunda, sincera, importante, pero por la que vaya a saberse el por qué, finalmente no se jugó.
Hice un paréntesis en la lectura del material para ver si podía dilucidar la decisión de la ausencia, de su NO final.
Tratando de entender al hombre.

Y claro, la asociación fue inmediata.
A mi hombre aquel, cercano a mi vida y a mis afectos, no pude encontrarle el punto de comprensión ni quise hacerlo.
Ahora con mucha distancia, me encuentro con un prócer, un ídolo, un héroe con una actitud tan cercana a la de mi E.
Y no pude dejar de pensar (y hasta de decirle) que ahora más que nunca me vendría muy bien una charla con él.
Imagino que la realidad puede por un momento, acercar la ficción, acompañarla, inspirarla.

Imagino una charla con él hablando de sus NO pasados, de sus justificativos, de sus certezas que nunca supe pero ya no desde el amor y el involucrarse sino desde la distancia. Pero más que la distancia en tiempo, la distancia personal. Hablando de él y de mí pero sin conformar un nosotros (no es eso lo que interesa, aunque no estaría de más saber algunas cuitas).
Tratando de entender a Belgrano a través de E.
Suena gracioso el pensarlo y mucho más el escribirlo. Pero fue una asociación tan intrínseca como natural.

Otra vez el amor infeliz. (¿Hay amor infeliz?)
Ya en Jardines el tema en MI personaje (¡qué lindo suena MI personaje!) es ese tipo de amor.
Como preámbulo de este personaje. Como si aquel fuera la antesala del que tiene que ser ahora. Y también los une la decisión militar, o el deber ser antes que el amor. Sin saberlo vislumbré en Didier pinceladas de Belgrano. Pero aún así, no logro comprenderlos.
¿E. será la solución?

Cambios, giros, modificaciones, progresos…

Sigo asombrándome de la paradoja que parece regir mi cambio.
En la ciudad de ritmo lento, los acontecimientos se suceden vertiginosos.
O fluye como debe ser, hacia el destino correspondiente.
Se abren puertas, se cierran ventanas (que son más bien como heridas), se gestan proyectos que luego pueden llevarse a cabo, se crean vínculos, se espera sin desesperación, se confía, se cree, se agradece en definitiva tan acertada decisión.

Hay deseos que una no se anima a gritar por no ir en contra del mundo, o en contra de cómo el mundo va acomodando el suceder de los acontecimientos, pero seguramente tienen más voluntad que la voluntad misma y hacen fuerza hasta explotar y ver la luz en el momento en que deben hacerlo, tal vez con una sabiduría más acertada que la que yo misma podría imprimirles.

El sábado próximo estreno mi obra.
ESTRENO mi obra, digo bien.
Porque hay un abismo entre lo que era y lo que es.
Desde los detalles más mínimos, pasando por significancias importantes hasta llegar al motor que la mueve o la sostiene.
Otra vez, "cuidado con lo que deseas".
Me preguntaba cuándo iba a escribir un personaje que me gustara pero para mí.
Tuve un intento de un gran monólogo que está más cercano a una novela y que quedó abandonado en algún rincón de mi computadora esperando la hora de salir de nuevo a escena.
Rescatada del abandono antes de que se convirtiera en un alma en pena, Angélique llevará puesta a partir del sábado, mi piel.
Después de años de sentir ausencia, ahora llega todo junto.
Y mis Jardines los creé, los dirigí y los actuaré.
Y vuelvo a descubrir el placer de la actuación, del estar presente, sintiendo madurado el concepto, ya no sólo transmitiéndolo sino aplicándolo, haciéndolo carne.
Trabajo en mi concentración y cuando creo haberla logrado, miro desde Gabriela y me siento feliz de ser de nuevo actriz.
Y puedo jugar en escena que es lo que más me mantiene alerta porque sé con tranquilidad que S. está conmigo abiertamente receptiva para estas pequeñas travesuras y pruebas.
Y el ensayo se vuelve placentero y ya quiero que llegue el momento, quiero el estreno cercano, quiero mostrar, quiero disfrutar ante la mirada de los demás.
Y no llego corriendo a ese día como me pasó tantas veces!!
Y lo disfruto.

Y casi en el mismo instante en que me decidía a escribir una entrada que se llamara "¿por qué a mí no?", suena mi teléfono con la respuesta de un casting.
Me preguntaba el por qué de esta compulsión a exponerse cuando existe una debilidad interior para aceptar la negativa.
Para qué competir si duele tanto perder.
Por que a lo que a mí respecta, se me vuelve imposible el no fantasear, el darme por perdedora y entonces imagino mundos de victoria, llenos de resultados positivos, de premios ganados, de trabajos otorgados…
Y la realidad que no lo confirma hace que la caída sea por lo menos, estrepitosa.
El casting del San Martín que no fue.
El trabajo al que me postulo y que no llaman.
Exponerse.
Pretender.
Desear.
Y los NO que hacen rodar ilusiones por tierra.

Pero apareció un SI que me alegra.
Por el sólo hecho del SI y porque es actuación.
Y lo contradictorio de mi primera oportunidad en cine una vez salida de Buenos Aires (No es allá que estas cosas suceden?)

Y también acá me suceden los alumnos.
Porque es acá donde hay algo que decir.

(¿Y me animo a dejar cavilaciones inconclusas que quedarán flotando en el éter porque evidentemente, no seguí el hilo conductor del pensamiento y ahora ya no puedo retomarlo?
Sí, mejor que así suceda. Ya vendrán ocurrencias más cercanas. No sé retomar ideas lejanas. Vaya yo a saber en qué mundos andaba rodando mi cabeza por estos días en que comencé a escribir esta entrada).

¿Por qué titilan las estrellas?

¿Es que se están por apagar o me guiñan el ojo?


(Bueno, un desliz romántico nocturno).

Escuela de verano

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Amo el teatro!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Amo el teatro!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Amo el teatro!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Amo el teatro!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Amo el teatro!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Amo el teatro!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Amo el teatro!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Amo el teatro!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Amo el teatro!!!!!!!!!!


Uffff... Que buena catarsis!
Esta mañana me felicitaron por el trabajo que estoy haciendo en la escuela.
Mañana a la obra van muchas "autoridades": consejeros escolares, el coordinador de las escuelas de verano, la inspectora… todo porque somos (soy) la única escuela de esta modalidad (una hora y media) que está trabajando con los chicos (además del comedor).
Y quieren participar de nuestro cierre.
Me enorgullece (creo que está de más decirlo, pero por qué no mimarme).
Y sí, es cierto. Estoy (estamos) trabajando bien y lindo.
Comprometido, como me dijeron.

Los pibes lo merecen.
La escuela lo merece.
Mi satisfacción con el laburo lo merece.


Ya casi al filo de esta primera etapa.
Mañana, último día de la escuelita de Gowland.
Y me emociona el final como si hiciera muchísimo tiempo que trabajo ahí.
Preparamos una pequeña obra de teatro sobre piratas, magos, brujas, duendes y un tesoro escondido.
Pero lo más importante de la obra es que entendieron perfectamente el mensaje: TODO ES POSIBLE.

Y para mí, ellos fueron el tesoro escondido.

Empecé con tanta incertidumbre esta etapa de Directora, tantos miedos desde el desconocimiento, pero resultó una maravillosa mezcla entre trabajo solidario, clases de teatro y un poco de producción y papelerío.
Y todo deja un saborcito tan dulzón en la boca...
La pedaleada para llegar, me gustó.
El vínculo que se empezó a gestar con A. me gusta.
La hora y media que compartíamos todos juntos que volaba.
El almuerzo con ellos pidiéndome que me siente al lado de tal o cual.
Yo comiendo lo que comían ellos.
YO COMIENDO LO QUE COMÍAN ELLOS (No es nada contra las cocineras de los comedores escolares, así todo, es la primera vez que me animo a comer a diario lo mismo mismo mismo que los chicos)
Las normas que fuimos estableciendo y que se fueron instalando. ¡¡¡¡Y Cumpliendo!!!!
Las más rebeldes que terminaron trayendo flores todos los días de la última semana.
Esos maravillosos ojos de asombro que se abrieron inconmensurables cuando vieron los juguetes que teníamos para ellos.
Los López y su perra que también llevaban (y alguna que otra vez, la olvidaban)
Cada cabeza de clan familiar y el tupper que dejaban en la cocina para la comida que sobrara.
La "guerra de los cuentos".
Las preguntas con letras.

¡¡¡Y todo todo que les venía bien!!!

Experiencia asombrosa,
extraordinaria,
estupenda,
inesperada,
impresionante,
Emocionante…

Que me completa y me hace feliz.
(Ahora quiero que me alcance también para el alquiler)

miércoles, 24 de febrero de 2010

Consejo escolar

En mi última visita al Consejo Escolar, me pidieron si podía escribir unas líneas hablando de mi relación con el Consejo desde la Dirección de la escuela de Gowland.
Como algo que me resulta grato (esta metié de la escritura), las palabras surgieron.
Descontracturadas.
Con un toque de emoción.
Desacartonadas.
Informales, tal como escribo.

Como si tal cosa, digamos.
Pero me encontré con que trascendieron.
Y me llamó el presidente del Consejo para agradecerme las palabras.
Y me pidieron publicarla.

No era la idea, por supuesto.
Era un borrador.
Pero ya que aparecerán en algún semanario mercedino, acá van también.


Hace poco pensaba en mi docencia como acto solidario.
El estar en los lugares en que más se necesita alguien que lleve lo que sea: una clase de teatro, un plato de comida, un juguete, un momento de juego o simplemente, el estar.
Estar ahí.

Escuela de verano.
Mi primera experiencia.
(Atravieso primeras experiencias en muchas cosas, hace apenas unos meses que vivo aquí).
Escuela Nro. 20 de Gowland.
(¿La elegí o me eligió?)
Sin saberlo yo de antemano, aunque pudiéndolo suponer, cumplía mis expectativas de ser algo más que una mera escuela donde enseñar.
Primer día y me encuentro con tres inconvenientes: el primero y principal: me informan que la escuela no tiene agua desde el mes de Junio.
Mi cabeza hizo esta ecuación: escuela de verano, de VERANO sin agua… algo no iba a funcionar.
Segundo inconveniente: no tenía materiales para trabajar. Nada. (Y un proyecto a seguir socio-educativo)
Tercer inconveniente: el candado de la puerta de entrada a la escuela a veces, se traba y no funciona.

Mi obsesión expeditiva por resolver, me llevó a estar parada en la recepción del Consejo Escolar.
Siendo absolutamente sincera, sabía bastante poco para qué servía el Consejo Escolar.
(Trabajé en docencia en Capital y como allí es todo tan burocrático, el consejo escolar (si existe como tal) nunca fue una opción viable)
Pero estaba en su hall, esperando que alguien pudiera asesorarme en cómo resolver.
No salía de mi asombro cuando vi que había un grupo de consejeros, que me recibieron y no sólo me orientaron, sino que me resolvieron.
Y no fue un trámite burocrático de los interminables.
No hubo trámite burocrático.
Apenas una nota escrita detallando la situación y la diligencia para resolver TODO.
En la primera semana. Y en su totalidad.

Esto es que al día siguiente de iniciada la escuela, la bomba de agua estaba funcionando, y los chicos tenían materiales (lápices de colores, lápices negros, hojas y afiches) en los que trabajar, y el candado que finalmente se trabó y no volvió a abrir fue reemplazado por uno nuevo.
Escuela nueva.
Y cuando faltó comida con un llamado telefónico tuvimos reposición de comida.
Y también los chicos tienen una bolsa de ropa para repartirles y unos juguetes por los que están trabajando fervientemente para ganárselos.
Consejo Escolar.
El diccionario lo define como: órgano que tiene por misión orientar y facilitar la solución de problemas de carácter educativo.
Yo digo que es un grupo de gente maravillosa que está completamente involucrada en la resolución de cuanto sea factible y que hacen que la tarea educativa sea mucho más simple, mucho más agradable y mucho más extraordinaria de lo que ya es por sí misma.

Tiendo a idealizar.
Pero esto fue así, tal como lo escribo.
Ideal.
Y bueno, algunos sueños son posibles.

¿Por qué titilan las estrellas?

¿Es que se están por apagar o me guiñan el ojo?

(Bueno, un desliz romántico nocturno).

Escuela de verano

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Amo el teatro!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Amo el teatro!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Amo el teatro!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Amo el teatro!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Amo el teatro!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Amo el teatro!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Amo el teatro!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Amo el teatro!!!!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Amo el teatro!!!!!!!!!!


Uffff... Que buena catarsis!
Esta mañana me felicitaron por el trabajo que estoy haciendo en la escuela.
Mañana a la obra van muchas "autoridades": consejeros escolares, el coordinador de las escuelas de verano, la inspectora… todo porque somos (soy) la única escuela de esta modalidad (una hora y media) que está trabajando con los chicos (además del comedor).
Y quieren participar de nuestro cierre.
Me enorgullece (creo que está de más decirlo, pero por qué no mimarme).
Y sí, es cierto. Estoy (estamos) trabajando bien y lindo.
Comprometido, como me dijeron.

Los pibes lo merecen.
La escuela lo merece.
Mi satisfacción con el laburo lo merece.

Ya casi al filo de esta primera etapa.
Mañana, último día de la escuelita de Gowland.
Y me emociona el final como si hiciera muchísimo tiempo que trabajo ahí.
Preparamos una pequeña obra de teatro sobre piratas, magos, brujas, duendes y un tesoro escondido.
Pero lo más importante de la obra es que entendieron perfectamente el mensaje: TODO ES POSIBLE.

Y para mí, ellos fueron el tesoro escondido.

Empecé con tanta incertidumbre esta etapa de Directora, tantos miedos desde el desconocimiento, pero resultó una maravillosa mezcla entre trabajo solidario, clases de teatro y un poco de producción y papelerío.
Y todo deja un saborcito tan dulzón en la boca...
La pedaleada para llegar, me gustó.
El vínculo que se empezó a gestar con A. me gusta.
La hora y media que compartíamos todos juntos que volaba.
El almuerzo con ellos pidiéndome que me siente al lado de tal o cual.
Yo comiendo lo que comían ellos.
YO COMIENDO LO QUE COMÍAN ELLOS (No es nada contra las cocineras de los comedores escolares, así todo, es la primera vez que me animo a comer a diario lo mismo mismo mismo que los chicos)
Las normas que fuimos estableciendo y que se fueron instalando. ¡¡¡¡Y Cumpliendo!!!!
Las más rebeldes que terminaron trayendo flores todos los días de la última semana.
Esos maravillosos ojos de asombro que se abrieron inconmensurables cuando vieron los juguetes que teníamos para ellos.
Los López y su perra que también llevaban (y alguna que otra vez, la olvidaban)
Cada cabeza de clan familiar y el tupper que dejaban en la cocina para la comida que sobrara.
La "guerra de los cuentos".
Las preguntas con letras.

¡¡¡Y todo todo que les venía bien!!!

Experiencia asombrosa,
extraordinaria,
estupenda,
inesperada,
impresionante,
Emocionante…

Que me completa y me hace feliz.
(Ahora quiero que me alcance también para el alquiler)

miércoles, 27 de enero de 2010

Decir NO

Desde chica me fue problemático.
NO a una amiguita que quería jugar conmigo pero que a mí no me gustaba.
No a comer el churrasco con tomate antes de ir a la escuela.
NO a estudiar inglés a mi temprana edad de siete años.
NO a ese chico que quería besarme para enseñarme cómo se hacía.
NO a estudiar otra cosa que no sea teatro.

Ese primer hombre que quería ser mi novio y como yo estaba enamorada de otro (de quien fue mi primer novio), no sabía como decir NO a sus largas cartas con letras de canciones y muñecas de patas largas de las que tanto nos reíamos con T. encerrados en mi habitación mientras él esperaba en el living de casa.

NO a irme de un trabajo que no me gustaba y me hacía sentir tan mal.
NO a que el plan de sábado a la noche fuera ir a bailar aunque ya no me sentía con edad para eso.NO a ese otro hombre que esperaba en el umbral de mi puerta de madrugada cuando yo llegaba de salir con otro. Y entraba.
NO a todo lo rico que me tentaba cuando intentaba hacer una dieta.

Siempre había una excusa para que los NO se transformaran en SI. A pesar mío, por supuesto.
Una excusa que me hacía ceder pero que después me hacía también arrepentirme de no haber dicho lo que tenía ganas.

NO a un personaje que no me gustaba. Pero lo importante era actuar.
NO a atender el portero eléctrico a la una de la mañana a sabiendas que, atenderlo, era el peor error que podía cometer en ese momento.
NO a renunciar a una historia amorosa que me estaba destruyendo.

Excusas y más excusas.
Lo terrible es que ninguna lograba convencerme del todo.
Pero aún así, cedía.

Con el paso del tiempo, creo saber con más claridad (o más experiencia) qué es lo que quiero para mi vida y qué no.
Aún así, todavía tengo que lidiar con algunos NO que no logro pronunciar.

Y el tema "hombres" parece ser el más relacionado con estos NO no dichos.
Cuando conocí a R. me pareció un tipo agradable.
Después de haber salido un par de veces juntos, sabía a ciencia cierta que había cosas que no me gustaban, pero de seguir el vínculo diría un SI más allá de que no fuera un SI redondo.
Pasaron algunas cosas en medio, hubo una distancia, un atisbo de reconciliación y un intento de volver a intentar.

Sábado.
Mensaje de texto preguntándome qué haría.
Le cuento mi plan, lo incluyo y la respuesta es clara: NO.
Pensé que era broma, le dije que lo esperaba a tal hora, pero la respuesta había sido verdadera: NO.

Una semana con mensajes.
Pasa por casa una tardecita y charlamos de su negativa.
La respuesta, contundente: el tenía un plan, me llamaba para invitarme pero al no estar yo disponible, se dispuso a efectuar su plan. Sin mí. (Esto es, le importaba el plan, no yo).
Acto seguido, me invita a un plan para ese día que no me interesaba. NO ME INTERESABA.
Dije que sí.
Fuimos a casa de I., amiga suya, conocida mía con la que no hay una energía grata.
El tiempo que pasamos en su casa se me hizo eterno.
Debo haber pronunciado algo así como cuatro palabras. Sí, yo, cuatro palabras.
Después el plan siguió y repuntó un poco, pero yo me seguía preguntando por qué había aceptado.
La respuesta no era un acertijo: tratar de que funcione algo que yo sabía que no funcionaría. (Y no puede funcionar, le pega a MIS perros para sacárselos de encima. Y juro que no son cargosos).

Vuelta a casa.
Intento un mínimo acercamiento a pesar mío (algo así como un abrazo por lo menos) a lo que casi no tuve respuesta.
Se va.

Dos semanas sin noticias.
Mensaje de texto: que si estaba en casa pasaba.
Digo que sí queriendo decir NO.
Vuelve a pasar por casa.
Lo invito a cenar.
(¿¿¿¿¿POR QUE SI YO NO QUERIA??????)
No sólo que no me ayuda a llevar ni un plato, es más, ni siquiera a abrir el vino, sino que desparrama su kilaje en almohadones en el patio y no se mueve.
Me siento adolescente nuevamente.
Y me pregunto qué hago con un hombre desparramado en mi piso hablando de cosas que no me importan un domingo a la noche.

Y pienso cuánto tiene que ver el querer agradarle a alguien, el querer compartir esta instancia con alguien.
Pero pienso también que ya es hora de decir que NO.
NO a este hombre del que hay mucho que no me gusta.

Quiero por una vez, NO rescatar lo positivo, sino mirar muy bien y con ojos bien grandes lo negativo.
Quiero decirle NO a eso que no me gusta.
Ya es tiempo de empezar.

Ya que ésta es ciudad de cambios
intentaré que sea también ciudad de NOes dichos a tiempo.

Cielos mercedinos

La fotografía como arte, como medio de expresión, de registro, siempre fue una cuenta pendiente.
Siempre fue algo en lo que, llegado el momento, iba a querer incursionar.
Aunque de chica le tuve algo así como aversión.
A mi padre le encantaba sacarme fotos y en aquella época él era tan puntilloso como yo ahora (o más).
Contaba con una cámara que para la época también, era una joyita minuciosa y entonces tenía que acomodarse para
cielo nublado,
nublado claro,
nublado oscuro,
sol radiante,
sol normal,
sol tenue
y bla bla.
Y mientras mi padre elegía el mejor lugar, miraba el cielo y buscaba el botoncito adecuado... Yo me aburría.
No es raro encontrar fotos mías de niña en las que estoy "con trompa".
Era todo un emprendimiento posar para mi papá. Y me aburría más de lo que lo disfrutaba.
Y que el mentón más arriba, que el perfil más a la derecha, que el brazo no entra en cuadro, y la lista era interminable.

Años más tarde y como suele suceder, el mismísimo hobbie paternal que me molestaba, ahora me susurra al oído cada vez con mayor frecuencia.
Claro. Tengo motivos de sobra.
La naturaleza me invade y hace florecer también mis ganas de registrarla.

Pero hay algo en particular que redescubro en estos territorios: las variedades celestiales.
El cielo es algo tan maravilloso…
Desde blanquísmas nubes perfectas, las de algodón que dibujaba en los cuadernos, hasta cielos oscuros tormentosos pero con una gama de colores tan variada como impensada.
Y los rosas que se mezclan con los celestes y los grises más claros o los azules intensos.

Y formas.
Muchas formas.
Y quiero registrarlos.
Y quiero dedicarme a hacer una serie solamente de cielos.
Cielos mercedinos.
Como si fuera un cielo especial que "allá" no se ve.

Sigo sumando cosas maravillosas del cambio.

Sí, la soledad también se siente un poco más.
Pero ese es otro cantar, o por lo menos tema para otra entrada.

Yo, según otros.

Hace un tiempo más o menos largo, alguien con quien no tenemos un vínculo demasiado cercano, me dijo que había soñado conmigo.
Me había soñado desnuda.

Y automáticamente, mi cabeza empezó a maquinar el cómo sería la imagen que tiene alguien que no me conoce demasiado, de mi cuerpo desnudo.
Y pensaba en qué tan cercana o lejana de la realidad sería esa imagen mía que a él se le presentó en el sueño.
Cómo me vería.
Cómo sería yo para él.

Y ese pequeño suceso fue el disparador para hacerme incansablemente esa misma pregunta: "¿cómo me ve el otro?"
Y entonces digo…

Cómo me verá mi madre a mis cuarenta y tantos después de haberme criado y haber fantaseado mil destinos para mí.
Cómo me verán mis niños alumnos cuando entro a su aula por primera vez.
Cómo será la imagen que reciben a través de sus ojitos curiosos mis perritos. Cómo me verán cuando los acaricio y cómo cuando los reto.
(Cómo la recién salvada de la ruta que le traigo comida pero le ordeno un "NO" para que no entre a mi casa, o Bandido, que lo acaricio o lo empujo para que no me salte. Sí, si lo escribo es también para expiar la culpa que me produce el hacerlo).
Cómo me verá el que me ve pasar en bicicleta.
Cómo seré cuando viajo en tren o cuando espero un colectivo.
Cómo me veré sobre el escenario.
Cómo cuando miro algo emocionada y cómo cuando trato de seducir.
Cómo me verán mis amigos.
Ese es un dato que me interesa.

El reflejo.
Qué reflejo.

Empecé hablando del cuerpo y ahora me desvié a la esencia.
Y qué tan cercana o lejana será la similitud entre quienes me ven y el como yo me siento.

Mi percepción y la de los otros.
¿Y la de ellos será tan fluctuante como la mía?
Un día espléndida, otro terrible, otro gorda, otro maravillosa…

Cavilaciones.
Cavilaciones.
A menos que alguien me lea y me responda, no aparecerá la respuesta.
No puedo verme más que por mis propios anteojos.

Amores perros

Ciudad de perros.
Barrio de perros.
Casa de perros.

En eso parece haberse convertido por estos días mi casa.
Porque más allá de los tres míos, no dejan de aparecer otros y todos con un mismo rumbo: mi puerta.
Hoy me superaron.

Con mi nueva compañera de escuela, A., ayer volvimos por colectora después del trabajo porque el barro nos complicó el camino de ida.
Hubiera sido mejor embarrarse.
En algún lugar del trayecto, unos cachorros a punto de cruzar la ruta-autopista.
Sólo un alma imperturbable podría no haberse apiadado.
Cuando nos acercamos, algunos salieron disparados a lugar seguro.
Otra se quedó como esperando brazos.
Y dio con los míos.

La traje al barrio.
No a casa.
Por más que quiera (que hoy digo "no quiero"), no puedo cargar con uno más.
El barrio es perrero.
Es generoso con ellos.
Sabía que iba a estar bien. De hecho, siempre mejor a que le arranque su vida un auto a toda velocidad.

La puse en lugar seguro, le di de comer, y me vine a casa.
Ella en acto desesperado de seguirme, se escapó.
La busqué, no la encontré.
Culpa de por medio a sabiendas de que no le iba a ir mal.

Hoy volví de la escuela, y casi sentada en la puerta de casa, estaba ella.
El reconocimiento fue instantáneo.
"Vos sos la que me salvaste".

Me alegré, claro.
Mucha agua, un poco de comida (siempre afuera) y a dormir mi siesta en paz.

No contaba con que, al querer salir en bicicleta, ella iba a querer lo mismo.
Me siguió unas cuadras corriendo atrás hasta que mi debilidad hizo que la suba al canasto y la lleve conmigo.
El daño estaba hecho.
(¿Cómo dar marcha atrás ahora?)

A la vuelta no lograba que se me despegara.
Y como por arte de magia, todo se volvió pesadilla.
Ella arañándome para que no la deje en la puerta.
Bandido saltándome para que le de su comida.
El Negro queriendo entrar a casa y mordiendo a la cachorra.
Lola empujando mi puerta para meterse adentro también.
Y Mancha que cada día se anima más.
Y los míos.

Y colapsé.
Y quise que desaparezcan todos los perros.
Y quise que no me quieran.
Que se vayan.
Que no vuelvan.
Que me dejen.

¡¡¡¡Yo quería estar a salvo de ellos!!!!

Y salí con agua para que se vayan.
Y entré a casa y no asomé más la nariz.
Y me arrepentí del acto humanitario.

Ahora paz.
Pero sé que ella está afuera.
Y no sé cómo resolver.

Miro mis piernas y están totalmente arañadas.
Amor.
Necesidad.
Dependencia.
Compañía.

No sé cuál es el ida y vuelta que reúne humanos y perros.
Sea cual fuere, hoy me superó.

Sé que mañana voy a volver a quererlos.
Pero necesitaba esta catarsis desde el cansancio.
Y sí,
Hay amores que matan.

Docencia como acto solidario

Así lo entiendo y así me gusta ejercerlo.
Mi madre se preocupa por la soledad de los caminos que recorro para llegar a tal o cual escuela.
Soledad.
Campos extensos desolados.
Caminos desamparados.
En su lectura, caminos peligrosos.
En la mía, los que me conducen a las escuelas donde los niños esperan la llegada de la maestra.
Donde yo quiero enseñar.

Desde mi niñez y persistiendo en mi adolescencia, mi memoria (y mis diarios íntimos de la época también), me remiten a una única heroína: Laura Ingalls.
Admiraba su vida, su familia, su escuela, su perro.
Y cuando creció y fue maestra… fue la culminación del éxtasis admirativo.
¡Yo quería ser como ella en toda su dimensión!
De hecho, mi primer intento de carrera no fue educación física, sino magisterio rural. En ese entonces estaba de novia con L. y planeábamos irnos a vivir al sur, al campo en el sur, claro. Y nada mejor que convertirme en una maestra rural como ella.
Después los planes cambiaron, el sueño sureño con L. se rompió junto con nuestra pareja y desistí de mi magisterio.
No me fui lejos, seguí siempre el camino docente.
Y también misionaba, y también trabajaba en hogares de niños, como si fuera todo parte de un mismo TODO.

Y la lejanía tenía que ver también con esto.
El campo.
La distancia.
La necesidad florecida de esa distancia.

En la escuela 12 la característica general era la falta de normas de comportamiento.
En la escuela de Gowland la característica general es la falta.
La falta de todo.
La carencia.
De alimento, de ropa, de afecto. También de normas, que las van aprendiendo a una velocidad voraz.
Y es en esa población escolar donde me gusta desarrollarme.
Docente y acto solidario.
Porque logré conseguirles materiales de trabajo para este verano, porque les logré hacer arreglar la bomba de agua, porque tengo un bolsón de ropa prometido para que se repartan… porque es así cómo me gusta trabajar.
Y el teatro aparece como mundo fantástico en estas realidades.
Y como pareciera que la imaginación es la única herramienta con la que cuentan, las historias se vislumbran maravillosas.
Las que ellos me inspiran y las que ellos cuentan.
(Si hasta a una de ellas, un ratón la llevó volando a conocer París).

Y su necesidad aumenta mi necesidad.
Estar ahí en medio.
En donde hace falta.
Entre los caminos desolados.
En los solitarios.
En los que la lluvia cuando aparece, no deja llegar.

Donde te ven llegar y corren a tu encuentro, porque no sos una más de tantas, sos LA.
La importancia.
La valoración.
El reconocimiento.

Reconocimiento.
Desde la actuación, siempre se lo persigue.
Yo lo perseguía.
Y ahora pienso que tal vez no era ese reconocimiento el que debía perseguir sino este otro, el de los niños campesinos que me piden a diario la "historia para jugar".

Trascender.
Abrirles la posibilidad de nuevos mundos.
Que sepan que pueden conquistarlos.
Que pueden soñar.
Que pueden cumplir sueños.

Que, como diría una de las abuelitas de Tim Burton en una de sus películas: "Nada es imposible".


Y sí, que me recuerden por eso.

Me hace falta una amiga

O una forma alternativa de decir que extraño a N.
A ella como representante absoluta de lo que fue una buena amiga.
Con sus locuras, con sus decisiones equivocadas, con su inexactitud acerca de lo que quería de la vida y del amor, con su "cabeza fresca" como dirían las viejas, con su romanticismo extremo… pero con su predisposición siempre a la orden del día para acompañar, para poner el hombro, para escuchar, para llorar de a dos.
También para reírse, para enamorarse y contarlo, para tomar unos vinos cantando tangos por aquellos bares, para cenar juntas filosofando de la vida, para viajar...
Sí, definitivamente la extraño.
Mi vida aquí es casi completa.
Y digo casi porque todavía no tengo fortalecido afectos.
Pienso.
Más allá de N., de G. que ya vino, de T…. ¿afectos fortalecidos en Capital? ¿O los de paso rutina dada la cercanía? Todavía no termino de responder a esta pregunta.
O no quiero hacerlo.

Vuelvo a N.
Sí, definitivamente la extraño.
Celebro en este momento que existan los mensajes de texto. Por lo menos me da la posibilidad de decírselo.
Ella también eligió la distancia.
La diferencia que nos separa en la elección es que N. salió huyendo de la ciudad. O de amores contrariados de la ciudad.
Y se fue mucho más lejos que yo.
Y en la dirección contraria.

Va a costar mucho encontrarnos.
Físicamente por lo menos.
Sí, definitivamente la extraño.

Sí, definitivamente la extraño.

Viaje memorable ( ¿u olvidable?)

Hace tres días y con el cargo de Directora, empecé a trabajar en la escuela 20 de Gowland.
Viaje de ida y vuelta en colectivo los dos primeros días, pero la necesidad de la bicicleta que ya se hizo constante empujando para hacerse presente.
Y le dimos el gusto.
Supuestamente, era muy fácil: como dirían en Italia, "sempre dirito".
Lo que no sabía es que derecho depende de dónde, se llega a muchas partes.
Mejor dicho, al mismo lugar, pero por caminos inimaginablemente diferentes.
Eso me pasó.
Como en una sueño o una pesadilla.

Cuando viajo en tren, mi imaginación vuela al compás de cuanto va apareciendo por la ventanilla.
Y juego a descubrir a dónde llega tal o cual camino, cómo será quién por ahí cruce, en viaje hacia dónde y por qué.
"Cuidado con lo que deseas". (Otra vez esta frase)

Hoy anduve por todos esos mismos lugares.
Lugares inconvenientes si los hay.
Lugares que no son recomendables.
"¿Qué hace una mujer en bicicleta por acá?", me preguntó alguien.

Perdida era la única excusa razonable.
Pero igualmente descabellada.

Tomé consciencia del peligro una vez que hube llegado a destino.
En el mientras tanto, en mi cabeza sólo había lugar para pensar que no podía retroceder (no sabría a dónde) y que la directora no podía llegar tarde, por lo que había que pedalear, siempre hacia adelante.
Aunque fuera "ese" adelante.

Pero parece que los ángeles, duendes, gnomos y criaturas celestiales estaban conmigo acompañando mi ignorancia.
Y me hicieron llegar a destino apenas embarrándome en los últimos metros.

Huellas perdidas en el campo donde apenas pasaba mi bicicleta.
Un desarmadero (¿o un basural?) donde no salió nadie cuando golpeé para preguntar otro camino alternativo, y la manada de chanchos (¿son manada los chanchos?) echados justo en el barrial que atravesaba el diminuto camino.
El monte de maíz.
Las vías cruzadas de scorso donde existía apenas el cartel de "mire a ambos lados". (Bueno, por lo menos había cartel)
La fábrica de ladrillos.
El camino bifurcado y la mala elección para seguir uno u otro.
Y la lista podría seguir.

La vuelta, por supuesto, no fue por el mismo lugar.
La vuelta fue por camino en su totalidad.
El camino con el que no di a la ida.
Aunque también fue "sempre dirito".

Convivencia con G.

Cuando la posibilidad de una convivencia vacacional era sólo eso, una posibilidad, pensaba y re pensaba en el cómo. Cómo sería, cómo nos arreglaríamos, cómo dormiríamos, cómo nos adaptaríamos, cómo, cómo, cómo, cómo…
La posibilidad pasó a ser una realidad con fecha propia y la noche anterior, mi anterior noche en soledad, si bien estaba contenta (era la segunda vez que tendría invitados a quedarse en casa, pero la primera extensa y de amigos), no dejaba de pensar en el cómo.
Cuando la realidad se hizo hecho, algo se trastocó (como sucede con tantas cosas desde que vivo aquí).
Y comenzó una etapa de disfrute sin preguntas.
Y sin obsesiones.
Y entonces no importaba si la mesa quedaba con migas después del desayuno, porque empecé a leerla como mesa compartida y no como mesa sucia y así de a poco, todas las cosas se fueron revalorizando.
Y el cómo del dormir se transformó en un devenir lógico y normal: G. en mi habitación, haciéndose propietario temporal de mi cama y mi placard y yo en habitación adyacente, donde mis perros podían despertarme de mañana sin invadirme de noche y sin sobresaltar a G.
Y los almuerzos fueron preparados de a dos o con mates de largas charlas.
Y también hubo espacio para actividades compartidas, de trabajo y de las otras.
Y también él disfrutaba de la siesta mientras yo hacía lo propio en mi pileta.

Y empecé a pensar, a sentir que contrariamente a lo que suponía de mí, de una convivencia de este estilo, donde los espacios eran compartidos pero a la vez privados, de una convivencia así, sería capaz.
Y lo que pensaba como un "nunca más" ahora lo sentía como un "puede ser".
Y esa transformación me alegró.
Me gusta saber que no hay estructuras instaladas.
Me gusta saber que hay una menos, por lo menos.

Cambios, cambios y más cambios.
De eso se trata.
Es lo que tengo que aprender.
Parece.

Puta muela puta

Uno propone, y a veces los dolores disponen.

Siempre estuvo como remanente en mi memoria la frase de: "Cuidado con lo que deseas".
Pensaba siempre en su significado.
Pero el 24 de diciembre confirmé su sentido.

Desde que me mudé, sabía (o quería por lo menos) que la Navidad la pasáramos por una vez, fuera de la casa de los viejos. Quería ser yo la anfitriona esta vez.
Nunca había sido posible porque mi padre no viaja a Capital y entonces mis alternativos departamentos nunca fueron una posibilidad.
Esta vez, yo llevaba las de ganar. Éste sí era un espacio para festejar las fiestas.
Y lo deseé desde el mismísimo momento en que pisé suelo mercedino.

Todo indicaba que sería posible tal y como lo había pensado.
Tuve un tambaleo de posibilidad a la mañana temprano cuando la lluvia se hizo sentir, y claro, calle de tierra, esquina que se anega, y TL que no quiere ensuciar el auto, todo indicaba que mi Navidad iba a suceder en la única compañía de mis canes.
Luego el cielo clareó, el sol apareció y la tierra empezó a secar.
Entonces otra vez surgió la posibilidad.
Decorar los detalles que faltaban, comprar pequeñas nimiedades que también faltaban, limpiar un último repaso…
Y la familia en casa.

Pero yo no estaba sola.
Desde la tarde me acompañaba un intenso dolor de muelas que cada vez se intensificaba más y más.
En ningún momento del deseo se me ocurrió completarlo con la salud.
Yo sólo quería que lo pasáramos aquí. Y lo pasamos. Pero no fue como lo había imaginado.
De todas formas estaba feliz. Pero quienes estaban a mi alrededor no podían dejar de compadecerse por la cara de dolor que mi muela me hacía tener.
Puta muela puta.

Uno tiende a desear lo general.
Como si con lo general sólo bastara.
"Que él me llame".
Pero ¿qué pasa si me llama para decirme lo contrario a lo que yo esperaba?
Deseo cumplido, pero ¿era lo que deseaba?

Ampliar los deseos.
Detallar los deseos.
Porque ¿por qué no pedir?
Pero pedir en complitud (cómo me gusta esta palabra aunque mi diccionario no la reconoce)
Siendo minucioso.
Elaborando mentalmente las cosas tal como querríamos que pasen.
Lo particular.
Como en el teatro.

Chiquito.
Chiquito.
Chiquito.

Casas y cosas

Cada casa tiene su esencia, su energía.
Y ahora que empiezo a descubrir la de la actual, hago repaso sobre las anteriores también.

Mi casa de infancia… bueno, acá el término se me confunde.
Todo debería indicar que mi casa de infancia sería la de Castelar, la que compartí con mis padres la mitad de mi vida, pero emocionalmente la memoria y el término se asocian a Mercedes y la casa de mis abuelos.
Era la casa de los veranos esperando el heladero, la calle de tierra, los paseos en moto con el abuelo - héroe, los ravioles de la abuela, las gallinas en el fondo, la quinta que creía hacer yo, el desfile de carrozas en carnaval, la tele en blanco y negro y las series que miraba soñando ser actriz… el contacto con lo esencial para mí, con las emociones más verdaderas.
Pero Castelar (digámosle casa de adolescencia) me remite a mi viaje de egresados, al grupo juvenil y esos amigos que aún perduran, a mi primer gran amor.

Después llegó la era independencia.
La inauguré con Honorio.
Honorio fue la casa de… Fue la casa del descubrir, del romper reglas, del asomarme a, del revelarse.
En Honorio la niña católica de colegio de monjas, conoció otros mundos.
Llegó E. (después de algunos otros que pasaron) y con él la introducción a mundillos tan apolíneos como dantescos.
Fue la casa de las pasiones intensas: lo eran los amigos, lo era el amor; del vivir a fondo y el jugarse entera; también de vínculos sinceros que perduran aún, algunos presentes y otros en el buen lugar del recuerdo querido.
Dejé Honorio de una manera inconveniente. Creo que se hubiera merecido un final menos abrupto, aunque pensándolo bien fue tan intempestivo como todo lo que allí pasó.

Llegué a Franklin.
Franklin fue… la casa de los amores pasajeros.
Nada duraba, aunque me animaba a animarme.
De las decepciones y finalmente cierre con E., de los viajes en el menemato, de la decisión de la actuación como opción, de los primeros enamoramientos artísticos, de las noches de estudio en grupo (donde también recuerdo más amores pasajeros), y la constante de E. ya casi como pesadilla.
Donde me enamoré de F. como hacía tiempo no me pasaba y de donde me fui por y con él.

Entonces llegó Palermo.
Súbito Palermo.
Palermo reservado.

Y pasé a Rivadavia.
En Rivadavia no tuve amor.
En Rivadavia tuve arte, tuve teatro, y se sucedieron grandes cambios.
Llegó Igor. Mi rey Igor.
También hubo momentos tristes que prefiero sobrevolar, personas que pasaron que prefiero no recordar (todos todos pasaban, Rivadavia estaba de paso), un intento de relación que quedó en un set de televisión, y de nuevo los grandes cambios.
La casa de la pizza sin muebles con aquella M. que supimos ser amigas y que ahora es una extraña, y que a veces se extraña.
Y el ritual de los ACE con G.
La reconciliación con E. ya desde otro lugar.
Y ahora que recuerdo, también un par de amores pasajeros.


Y llegó la 66.
La 66 que digo es la casa de los sueños cumplidos.
Claro que quiero más, claro que espero que siempre quiera más, pero es la casa donde tengo la vida que siempre quise tener.
Hay cosas que se nostalgian (por lo general, las que nunca sucedieron), pero la felicidad de la concreción quimérica es inigualable a cualquier otro sentimiento.
La casa en la que E. no estará nunca.
La casa a la que quiero volver cada vez que me voy.
Casa de amores perros.

Cosas en las casas.
Mis casas y mis cosas.
¿Cuántas más habrá?

martes, 1 de diciembre de 2009

Todo pasa...

... Y muchísimo fue lo que quedó de esta primerísima etapa de Jardines...
Las dos funciones fueron a mi subjetivo ojo, espectaculares.
Porque más allá de cómo estuvieron mis chicas, descubro una nueva y gran palabra en esta situación de función: ALEGRÍA.
Más allá de los nervios, más allá de las corridas y las incertidumbres, hubo alegría.
Y recuerdo el abrazo en escenario antes de dar sala y me remite alegría;
la compra del pequeño regalo a cada una, y me remite alegría;
la gente saliendo y nosotras en el camarín y me remite alegría;
el cambio de la escalera en la soledad del teatro, y me remite alegría;
la efectividad del final de la segunda función, y también me remite alegría.

DEFENDER LA ALEGRIA.

Lo dice Benedetti
lo canta Serrat
y yo quiero llevarlo a cabo de aquí en más en ensayos o funciones.

No descubrí la pólvora
pero sí una compañera excelente para que el trabajo fluya relajado.

¡Qué lindo fue todo!

martes, 24 de noviembre de 2009

Ellas en acción...





Disfrutaron. Se emocionaron. Vivieron. Sufireron.
Presenciaron. Atravesaron. Emocionaron. Las aplaudieron.

Y así se vieron.

martes, 17 de noviembre de 2009

Agradecimiento especial

A mis dos actrices geniales.
Que se entregaron al trabajo.
Que se dejaron dirigir.
Que confiaron en mí y en mi forma de trabajar.
Que cuando se complicó la cosa allá lejos y hace tiempo, fueron las disparadoras de esta nueva propuesta.
Que tuvieron ganas de seguir pese a todo.
Que enfrentan los desafíos y se "desarman".
Que piden más ensayos para lograr ajustes.
Que hicieron que me reconciliara con la dirección.
Que me hicieron feliz por primera vez, en un completo proceso creativo.
Que confiaron en el texto y le entraron con pasión.
Que son las mejores Prudence y Angélique que pude haber conocido.
Que le dieron vida a mis palabras.

Y que el sábado sé que me emocionarán con su trabajo.

Gracias, chicas por tanta felicidad!
Las quiero.

Últimos pasos...

...Antes del estreno.

Y si bien será un estreno diferente, confío tanto en la propuesta y en las actrices que la sostienen, que llego a días antes completamente relajada, feliz, despreocupada y disfrutando.

Porque mis actrices me piden más ensayos, porque se comprometen con el trabajo, porque todos los integrantes del equipo teatral colaboran y aportan lo que sea (desde la construcción de la escenografía, o las ideas aportadas, o los espacios cedidos o las notas conseguidas), porque las notas del diario prometen y empujan, porque me dieron un espacio hermoso para trabajar, porque se adaptaron a mi forma de trabajo, porque ya repiten mis códigos...

Estoy ansiosa desde la tranquilidad para el sábado.

Quiero que llegue porque estoy feliz de mostrarlo.

Maravillosa sorpresa campera!!

Pensé que no existían más.
Pero como en una vuelta a la niñez (o a la época en que el aire estaba menos contaminado), vuelvo a ver...
BICHITOS DE LUZ!!!!!!!!!!!!!

Aquí están, y me encanta verlos noche tras noche.
Una alegría más!
Y van...

Palomita blanca

Desde hace más de un mes, en dos escuelas.
Con características muy diferentes entre una y otra.
La de los rezagados, de los repetidores, de los problemáticos, de los que no se adaptan... y la otra.
Pero precisamente en la conflictiva, es en la que veo más conexión con esta herramienta escolar maravillosa que es el quehacer teatral.
Porque no todos los grados pueden "hacer teatro".
Pero hay quienes dibujan escenarios a través de cuentos y determinan personajes;
están los que improvisan una suerte de colectivo animalesco en la que juegan incansablemente a las persecusiones entre manadas;
los que enganchados desde una canción, imaginan un universo de personajes;
y los que sí, hacen teatro escribiendo sus propias historias.
Y la imaginación fluye más allá de lo visto en televisión. Será que tal vez ellos son los que no miran televisión.
Y yo me maravillo de ver cómo sus cabezas dan rienda suelta a las más fascinantes historias.
Y organizo planificaciones que después no cumplo porque me dejo llevar por sus propuestas.
Y me encanta saber que en casa estuvieron trabajando o que se reunieron para escribir una historia mejor para mostrarme.
Y celebro también terminar el año con ellos que hace tanto tiempo no tenían su materia y que ahora no nos alcanza el tiempo para tanto.

Y como la provincia es la provincia...
voy a dar clases de guardapolvo blanco.
Pero ojo! con un toque creativo: en tanta blancura, las máscaras del teatro en primer plano, como para que quede claro maestra de qué soy.
Y el guardapolvo sintetiza y rectifica.
Entonces cuando voy en mi bicicleta a clases, sé que los que me cruzan (en el camino a una de ellas, a la otra más que unas cuántas vacas...) saben a ciencia cierta a que me dedico.
Y me saludan.
Pareciera como que aquí existe aún la importancia del "maestro".
Y me gusta formar parte.
(Aún con el guardapolvo blanco).

martes, 10 de noviembre de 2009

Mi ciudad





Aquí unas fotos de la ciudad que me abrió su corazón para que me sienta en casa.
Era mi casa "elegida".
Es "mi" casa ahora.
Y el hecho de caminar por sus calles y cruzarme con gente que ya me saluda, porque ya estreché lazos, resignifica esta elección.

Me gusta pertenecer.
Y además es bonita.
Miren, sino.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Estrenamos!


Las ganas son muchas: de compartir, de mostrar, de sacar a la luz, de que nos vean, de que sepan cómo trabajamos, de que nos descubran en acción.

No está del todo lista.
Nos falta la escenografía definitiva, el vestuario que será el final, algunos objetos de época... pero está el clima y el maravilloso trabajo de mis actrices que me llenaron de felicidad en este proceso.

Y si en Buenos Aires se usa el Work in progress, por qué no instaurarlo también aquí?
Creo que las tres nos merecemos la vidirera. Desde que llegué hace seis meses, estoy trabajando mucho y tengo ganas de que conozcan mi forma, mi estética, mis ideas puestas en escena.



A eso vine. A volcar mis años de estudio, de entrenamiento, de síntesis, de obras ensayadas... para que, lo que considero mi arte, se pueda expresar en el lugar que elegí.
Ojalá sea el inicio de buenos proyectos, de buenas ideas concretadas, de más y más teatro.
Es un deseo de corazón.


Entonces...
Sábados 21 y 28 de Noviembre - 21 hs.
Teatro Talía, Mercedes, Buenos Aires

lunes, 2 de noviembre de 2009

Jardines!!!

Todo fluye.
Todo se ordena cuando debe hacerlo.

Me crucé con gente que tiene el mismo impulso creativo, las mismas ganas de hacer, de mostrar, de crear...
Cuando R. dejó el elenco de Blancagrande y tuvimos que suspender los ensayos... en realidad, el estreno porque estábamos a pasos de hacerlo, intenté desesperadamente darme cuenta cuál era el beneficio de esa decisión, descubrir lo positivo de aquello.
Lo descubrí apenas días después de su decisión.
Me junté con C. y S. y resolvimos seguir trabajando. (Cómo?, En qué?)

Lo charlamos, pusimos en papel nuestros deseos, y así nació Jardines de guerra.
Qué es?
La nuesva obra que escribí y que estamos ensayando para empezar a mostrar en poquitos días.
Estará 100% lista para el año que viene, pero como estamos trabajando intensamente y las tres tenemos ganas de mostrar nuestro trabajo, vamos a empezar con pruebas piloto (work in progress capitalino) dentro de poquito.
Me gusta. Me gusta el texto que me nació, me gusta que a ellas les guste, me gusta la energía de los ensayos, me gusta que la construimos entre las tres, me gusta el proceso, me gusta que voy a los ensayos a disfrutar.

Por primera vez!!!!
Es sólo disfrute.

No me angustio,
no me arrepiento de dirigir,
no me dan ganas de trabajar con títeres (como decimos con G)...


Me da plena felicidad.
Tengo muchísimas ganas de que salga a la luz.
Quiero mostrarlo.
Quiero que me vean a través de ellas y del texto.
Es lo que quise escribir desde que escribo.
Sensible, emocionante, desgarrador por momentos, tierno también, y con un final...
A Talía para verlo!!!


Una piedra en el zapato

Que venía molestando y no me dejaba disfrutar completamente de este universo que me propuse recrearme.
Y como la vida corre y es una sola, me siento con el deber hacia mí misma de intentar construirla de manera placentera, sintiéndome feliz cada noche al acostarme por cómo lo estyo haciendo.

Capital me estaba molestando.
En realidad, mi trabajo en Capital era el que me molestaba. Ya hablé de eso en una entrada anterior.

Hace algunos días hablaba con E. (con el E. de aquí), y le decía que sentía que ya había duelado alguna vez más de lo que debería haberlo hecho y que no quería repetir esa situación.
Entonces ahora salgo a resolver.
Y resolví.
Renuncié a mi trabajo capitalino y conseguí trabajo acá.
Estoy dando clases de teatro en escuelas.
Sí, lo que siempre quise hacer.
También estoy dirigiendo. También lo que quiero hacer.
Con la conexión con lo mío de la forma que quería.

La docencia me gusta, la disfruto, me completa.
Sé que voy a pasar por la vida de esos chicos y que tal vez, los ayude a concretar sueños.
En el teatro todo se puede.
Y en la vida también. Por lo menos me gustaría que sean capaces de creerlo como para intentarlo.

La vida se va organizando en la frecuencia que corresponde, pareciera.
Lo que tiene que suceder, sucede.

Con E. (el de allá), nos vimos en mi última visita a Capital.
Pero no va a haber más idas para allá.
Y como él no está dispuesto a venir para acá, yo tampoco siento la necesidad o las ganas de hacer yo el esfuerzo. (Ya las cosas han cambiado notablemente en ese aspecto)

Por lo que se deduce que nuestros encuentros serán muchísimo más espaciados. Si son.
Hay algo de la conexión que no quisiera perder. Existe un sentimiento enraizado en el alma que va a permanecer más allá de... pero no es lo suficientemente poderoso como para hacer el intento del encuentro cuando sé que él (E.) sólo espera, que nunca va a generar, que nunca va a hacer algo para provocarlo.
Mi vida ahora está acá. Así lo quiero y así lo siento.

Tengo la vida que siempre quise tener (o por lo menos, algo muy muy cercano a ello).
El que quiere compartirla, bienvenido sea.
El que no... dejaremos de vernos entonces.





viernes, 11 de septiembre de 2009

Impulso irracional

Buenos Aires,
Capital,
el centro
o como lo nombremos, en este momento se reduce a mi trabajo.
Y como por arte de magia o inspiración divina, acabo de darme cuenta qué es lo que tanto me molesta de esta asociación.
Me preguntaba desde hace un tiempo (coincidentemente con la mudanza) qué era lo que me molestaba tanto de viajar, no siendo el viaje en sí mismo. Del estar allá, del querer volver corriendo cuando me desocupaba, del ya no encontrarle sentido a disfrutar de la ciudad.
Hoy parecería que las respuestas hubiesen venido todas juntas y de la mano a mi encuentro, rodeándome, atragantándome, avasallándome y también angustiándome.
Todo se reduce a dos escasas palabras: relaciones humanas.
Y todo un mundo que las abarca y las dispara.
Tengo un trabajo (allá) que se supone atractivo, interesante, estimulante y hasta cómodo y agradable.

En teoría.

Si hoy debo definirlo desde la emoción más sincera, lo considero mezquino, rivalizante, hipócrita, congruente de egos sin sentido, politizado, conveniente, falso, egoísta.
Donde todos hablan mal de todos pero por la espalda.
Donde todos miran la aguja en el pajar ajeno.
Donde todos se sienten jefes y el que lo es no se hace cargo.
Donde las críticas salen del lugar más mísero para lograr la destrucción del otro.
Donde se regodean con esa destrucción.
Donde todos niegan los problemas vinculares existentes pero el que puede aplastar aplasta.
Donde se busca que todos trabajen igual pero no por el mismo dinero.
Donde sé que no me quieren pero nadie me lo dice.
Donde yo tampoco los quiero y ahora lo estoy diciendo.
Donde alguna vez deseé trabajar y donde ahora deseo salir.

Los vínculos no me son sinceros.
Las relaciones tiene sólo que ver con el poder.
Las mezquindades están a la orden del día.

Pareciera que todos añoran lo que era, pero se siguen quedando pese a lo que es.
No viví su esplendor, pero me molesta esta decadencia en la que escucho palabras salir de bocas y y yo sólo me ocupo en adivinar cuál será el pensamiento real de las cabezas de esas bocas.

Y deseo inmensamente salir corriendo hacia mi oasis cada vez que llego.
Porque la constitución de mi oasis tiene que ver también con lo vincular.
No solamente éste es mi lugar elegido porque tiene presencia y cuerpo importante desde mi niñez, sino porque los vínculos que estreché desde mi llegada los considero mucho más sinceros que los establecidos “allá”.
Porque acá la gente se relaciona. Acá la gente se vincula. Acá la gente se permeabiliza al otro, se permite la entrega, abre casa y corazón, se consolida.

Alguna vez alguien me dijo (al comentarle que me venía a instalar acá) que “mejor cabeza de ratón que cola de león”.
¡Y yo creo que está tan invertido el concepto!
O si lo pienso bien, tal vez sea cierto.
Los leones necesitan jungla. Y ellos allá la tienen.

No es lucha de lugares.
Pero siempre sentí que las relaciones me eran complicadas. Y hasta creo haberlo escrito también.
Pero ahora sé que las relaciones me eran complicadas en el lugar equivocado.
Harta de tanta tranza, tanta irrealidad, tanta histeria.
Ahora parece que se me dan de otra manera.
Claro que pueden no funcionar (las amorosas en especial) pero incluso esas, desde un lugar de mayor sinceridad. También las laborales.

Hay relaciones que no funcionan.
La mía con Buenos Aires es una de ellas.
Estoy feliz en lo pequeño.
Y ojalá desde allá lo sigan considerando así para que no se den cuenta que acá está el paraíso y siga siendo para pocos.
Pocos.
Sencillos.
Sinceros.
RATONES.


viernes, 14 de agosto de 2009

Familiaridad con lo querido

Tener internet por este lado del mundo se vuelve complicado.
Las opciones son muchas, pero no las que llegan hasta mi reducto domiciliario.
Y yo con tantas cosas para contar!
El movimiento genera movimiento y acá a veces me siento como si hubiera entrado en una rueda interminable y lejos de quejarme, lo celebro.
Los contactos traen contactos, las oportunidades traen más oportunidades, los recuerdos más de ellos mismos, los reencuentros más gente querida y los perros más perros.
Digamos que toda mi rama familiar está podada, o que siempre fue un bonsai. Por eso dar con parientes (aunque sean de los lejanos) es una felicidad inmensa ya que uno no se siente tan sólo en el universo.
Con mi prima R. siempre fuimos primas.
Y la realidad es que no sé si lo somos. O sí pero no sé por dónde. Con esta cuestión de que su madre y mi madre, más la madre de su madre y bla bla bla... el parentesco lo perdí en el camino. Pero que somos primas, somos primas.
Lo mismo ocurre con otros primos que aparecen ahora en esta ciudad también familiar.
La primera en hacer puerto fue AM., pariente, prima o lo que sea, que hace unos cuantos años era más cercana a mi madre, y ahora como si las distancias se hubieran achicado como por arte de magia, comparte conmigo amistades y salidas.
Y en un tramo de este contínuo paseo por el pasado que hago cada día en esta ciudad, me llevó a ver a su tía T., de 91 años y que la encontré tal como la recordaba, "con más años encima, pero la misma", como diría el personaje de mi obra.
El mismo lugar que una habitó de niña (iba seguido a su casa con mi abuela M.) de repente se apersona tal cual es ahora, pero con las imágenes veladas de aquellas visitas, de aquellos tiempos. Y entonces los objetos se duplican, y el color de las paredes, y los cuadros y las habitaciones. Y se redimensionan. Ya nada es tan grande como era, ni tan largo ni tan profundo. Pero en un lugar de la retina sigue siendo igual de grande, de largo y de profundo.
Y esa visita trajo también al presente a M. a quien prácticamente no recordaba más que borrosamente. Un reconocer a gente que de una manera u otra, está presente en los recuerdos desde la mismísima iniciación de la memoria.
La familiaridad con lo querido.
Y la vida se va organizando.
Y doy clases, y ensayo mi obra.
Mi obra. Que siento que se va a resignificar de manera notoria y notable. Con ideas nuevas que surgen, con momentitos de puesta que me gustaría conservar, con el desafío que implica dirigir actores que no se sienten actores pero que ávidos de refrescos se acercan a la propuesta de modalidad de ensayo y que tímidamente cada vez se le van animando más a esta nueva manera de mostrarse y de buscar.
Con personas que quieren ver qué es lo que hacemos, conmigo que no me molesta, con la posibilidad de pedir y conseguir (qué ventaja maravillosa es sentirse chico como pueblo) y entonces podré tener por fín! mi reclinatorio para los monólogos, con las salidas después de los ensayos y con el placer también de ensayar en la sala desde el momento cero.
Y ahora también parece que los viejos se vienen a vivir acá.
Y todo hace pensar que también me dejaría ganar por una perra más a riesgo de que no sepa como frenar la rueda, y más gente que piensa en venir y más felicidad para compartir.
Buenos Aires se siente cada ves más lejana, menos atractiva, más problemática, menos disfrutable.
Tardé un par de años en volver a las Galerías Pacífico (ahora que estudio Bellas Artes debería regresar para ver los frescos de su techo, nunca les di bola). Si no tengo que ir por trabajo, no sé cuánto me llevaría volver por que sí.
Ni siquiera para ver a F. Ni siquiera para ver a E.
(Me quedé pensando si es correcto el orden en que los nombré. Quién sabe)

miércoles, 8 de julio de 2009

Reeligiendo lo elegido

Junio, 28
Esperé dos semanas. Dos semanas que fueron casi interminables, que cada vez que sonaba el teléfono mi corazón daba un salto de aproximadamente dos metros de altura.
Pero el llamado esperado no llegó. Y lo peor fue que no llegó ni por sí ni por no. Bueno, si lo pienso bien, creo que prefiero la incertidumbre al no. No, prefiero el no.
La realidad es que estoy acá, tal como había decidido estar hace dos meses.
Sin la posibilidad San Martín, vuelvo a re armar mi vida aquí y vuelvo a reelegirla. Y a re quererla.
Entonces vuelvo a activar el tema trabajo. Viajar a diario para trabajar como actriz era una cosa, y viajar seguido para otro tipo de trabajo, es otra bien distinta.
Entonces vuelvo a querer instalarme acá permanente. Conseguir recursos para no moverme, para permanecer en definitivo.
Y volver a ensayar lo que nunca comencé pero que sigue en pié. Y también la otra.
Y dar clases.
De todas formas no dejo de fantasear con la posibilidad. El imaginarme en la Martín Coronado es un sueño que me da bronca haber acariciado sólo de lejos. Me queda el consuelo de saber que hice mi mejor intento. No podría haberlo hecho mejor, eso es lo que doy como actriz, porque si todo. El hecho de que el sí no haya llegado me duele pero no me fracasa. Pienso que por lo menos tuve la posibilidad.
¡¡¡¡Igual quería el sí!!!!
Si lo pienso desde la óptica del viaje, no sé cómo lo hubiera resuelto. Realmente hubiera sido un trastorno el viajar todos los días. No sé en qué lo hubiera hecho con los horarios que seguramente se hubieran manejado. Y si hay algo que tengo claro es que de acá no me muevo otra vez.
Este es mi lugar y lo sigo eligiendo.
Es más, ya estoy pensando en tres hectáreas para dentro de dos años.
Sé que acá también puedo consolidarme como actriz.
Claro que no es lo mismo, claro que es otra cosa, pero es lo que me da el lugar que elegí para habitar, para hacer propio, para desarrollarme, para seguir con mi vida.
Y entonces vuelvo a estar feliz de la elección y vuelvo a querer sobresalir acá de la mejor manera posible.
Y tal vez sea eso lo que no me deja deprimirme porque no llamaron. O tal vez el saber que lo hice bien.
Hoy es lunes.
Esta noche tengo reunión por unas clases y el viernes ya tengo ensayo.
Mi vida se vuelve a armar. Es lo que quería.¡Y adiós San Martín! (u ojalá hasta prontito).

Veo una gorda en el espejo

Julio, 7
Y como estoy sola en casa, no cabe otra posibilidad que admitir que esa gorda que veo, soy YO.
Hace dos meses que me mudé y llevo aumentados tres kilos. Eso en nosotras, las mujeres, es más que significativo.
Y a rigor de verdad, aumenté también la cantidad de placeres que me propicio y esto incluye por supuesto, los culinarios.
No sé si es porque la vida acá es un tanto más barata que en capital, pero siempre tengo cosas ricas para amenizar los días que antes no estaban en mi alacena.
También tengo más tiempo. Entonces el desayuno se convierte en EL desayuno, y también almuerzo y si estoy a la tarde cómo no merendar, y algún entremés…
Cuando el espejo me devuelve esa imagen… algo de mí se desestabiliza y pienso que debo hacer algo urgente. Pero acto seguido, cuando caigo en la cuenta que es una resultante placentera, de la cadena de placeres cumplimentados que trajo esta vida de campo… me miro con un poco más de cariño y hasta le guiño el ojo a esa casi extraña.

La oportunidad deseada

Junio, 12
Tanto… es tan maravilloso…
Otra vez, San Martín.
La euforia del primer momento se fue convirtiendo gradualmente en felicidad, luego mutó en nervios, luego en incertidumbre sobre qué decisión tomar para encarar el monólogo que tenía que presentar y finalmente en trabajo. Preparé ese texto a diario, con la ayuda incalculable de I. que se bancó ir conmigo a diario al teatro para tirarme propuestas y luego ayudarme a darles forma.
Días previos a la audición… quinta de P. tomando mate, paseos en bici, una ida al monte, y siempre siempre, teatro para ensayo.
Le encontré la vuelta a lo que quería y mi única preocupación era quedarme con la sensación de que había hecho todo lo que estuviera a mi alcance.
Y eso fue lo que me pasó.
La audición fue como imaginaba.
Entraba al teatro y sabía, sentía que no era como las veces anteriores. Era el mismo espacio donde alguna vez cursé. Pero la diferencia era abismal.
No podía dejar de pensar en la situación en la que me encontraba y tampoco podía dejar de agradecer.
Quería disfrutarlo.
Me concentré en eso.
Por supuesto que hacerlo bien era la prioridad, pero sabiendo que disfrutaba también cada momentito de ese gran momento.
Sentí que me fue bien.
Eso significa que me quedé contenta con lo que hice.
No puedo saber qué era lo que esperaba ver el director (y a menos que me convoquen para trabajar no lo sabré), pero lo que sí sé es que hice lo que quería hacer, y desde mi percepción me gusté.
Ahora a esperar dos semanas. Sabiendo que fuimos muchas las que audicionamos y que sólo hay cuatro personajes femeninos.
Pero me tengo fe. Confío en mi trabajo. Por una vez en mucho tiempo, confío radicalmente en mí.
Sé que voy a lograrlo.
Deseo ese trabajo.
Va a ser mío.
Pensarlo para que suceda. Eso hago. Con todas las fuerzas del universo (y algunas promesas encima).

¿Y también el amor?

Junio, 4
Demasiada palabra, muy grande pero tal vez posible.
Hace unos días alguien me siguió cuando yo iba en bicicleta.
Me pareció guapo y le hablé.
Ese mismo alguien hace un par de días me mandó mensaje, nos vimos, vino a casa, empezamos a conocernos, nos besamos…
Con calma y cautela. Pero también en esto… ¿Por qué no?


Vuelvo a entrar a esta entrada.
Definitivamente, es demasiada palabra para la situación. Después de varios encuentros y en diferentes ámbitos, me di cuenta que ni por casualidad, es lo que busco.
Sé que lo que pretendo es mucho (en realidad, yo creo que no, pero lo que viene sucediendo me dice que es casi un imposible), pero si algo sé que no haré jamás, será conformarme.
Y con P. si bien algunas expectativas funcionaron, las más dejaron de hacerlo por lo que decido no continuar con este… conocimiento.
Complitud.
Lo que eso signifique, eso es lo que ansío.
Estuvo bueno probar. Estuvo muy bien sentirme deseada. Estuvo muy bien abrir la puerta.
Pero ahora decido cerrarla a la espera de que llegue quien se quede.
Algo más que una visita se busca.

¡El universo conspira!

Junio, 2
Dice el refrán: “cuidado con lo que deseas”.
También murmuran que cuando uno desea algo de corazón todo el universo conspira para que se pueda realizar.
Por una vez en la vida, una importante vez en la vida, compruebo que es así y estoy feliz.
Hace unos días recibí un llamado.
Una citación.
Inesperada.
Soñada pero como lejana.
Deseada con todo el corazón desde tiempos inmemoriales.
La voz del otro lado fue clara: Audición en el San Martín para un personaje puntual de una obra puntual.
¡Maravilloso!
¡Increíble!
No cabía dentro de mí misma y los gritos y los saltos fueron cuenta de ese querer salir de mí para agradecerle al mundo.
Llamados a personas que sé fehacientemente que tirarán buena onda y con quienes deseaba inmensamente compartir esa felicidad.
Buena fortuna.
Mi año, como me dijo M.
Corrí a buscar el texto que tengo que memorizar y con el cual voy a audicionar.
Personaje de Margarita en “Mucho ruido, pocas nueces” de Shakespeare.
Sé que va a ser mío.
Estoy totalmente dispuesta a que vuelva a cambiar mi vida, mi ritmo, mi trajín, mis decisiones… y no me importa nada, por ese sueño TODO.
Dije que renunciaré a mis trabajos de ahora si no puedo coincidir. Después limpiaré baños si no pasa nada más, pero por nada del mundo me pierdo esta posibilidad.
Sé que voy a conseguirlo.
Ya la felicidad es inmensa al saberme convocada, pero ahora LO QUIERO.
No quiero quedarme a mitad de camino, es mi casi única posibilidad, no creo que haya otra. Debo tomarla, debo conseguirlo, debo obtenerlo, debo BRILLAR.
Miedo también hay, claro.
Pero tengo una sensación interna que me dice que puedo. PUEDO.
¿Por qué no?
Faltan cuatro días. Eternos y a la vez, nada.
Quiero más pasadas de texto en el Talía con I. viendo y tirándome ideas.
Me sentí apoyada, más allá que se pregunta si se quedó nuevamente sin actriz para su puesta.
Quiero hacer todo, quiero legitimarme como actriz y para mí hay una única y valedera manera: actuando.
Y en el San Martín es el sueño.
Voy por él a conseguirlo.

Era viejo, nomás

Mayo, 26
Algunos piensan que este arranque mío mercedino es sólo eso, un arranque.
Muchos no saben de mis deseos internos y mi conexión con este lugar.

En algún momento de mi vida, cuando era adolescente e incluso joven, escribía poesía.
Creo que fue contado con el dedo (o sea E.) quien alguna vez tuvo acceso a estos escritos.
Y creo que ya que desnudo mi alma contando mis cuitas, no será para mí terrible transcribir un poema de aquellos.
Entonces… uno que escribí el 6 de noviembre de 1998 y que se llama “Pueblo alma” (y que por supuesto, habla de Mercedes)

Viajo en el tren de las seis y cuarto
A reencontrarme con lo que soy
El día despunta, brillante el trigo
Campos de lino que buscan sol
Me van llorando tu verso viejo
Quema el recuerdo mi corazón

Y huele a azahares tu plaza del centro
Despierta olvidos tu catedral
Levanta polvo tu cementerio
De almas queridas que ya no están

Cruzo con años tus vías muertas
Perros sin dueño en la estación
Dulzor templado sobre tus calles
Que fui yo misma jugando al sol

Recorro el río que traga audaces
Casas vencidas, silencio y paz
El bar Respuela, los paraísos
Toda mi infancia me ve pasar
Cárcel que guarda sueños malevos
Que siempre fueron y aún serán

Pueblo tan mío, de mi crianza
Cómo alejarme, nunca me fui
Tu sangre lleva mis cuatro abuelos
Mis carnavales, niña feliz
Y todo un tiempo de cuentos de hadas
Que si lo busco, aún sigue aquí.